Todo parece indicar que el problema descansa en la necesidad económica del grupo social y algo de moda cultural.
No es secreto que el baloncesto y el football, deportes que ofrecen mayores y mejores incentivos inmediatos a los atletas aficionados, son mucho más populares que el béisbol entre los jóvenes negros, particularmente aquellos de bajos ingresos.
Así mismo, culturalmente, los afroamericanos se identifican más cómodamente con el baloncesto, por ejemplo, por el legado de atletas de la talla de Michael Jordan, LeBron James o Kobe Bryant; o cosas tan simples —o complejas— como una zapatilla o la asociación del mundo del hip-hop al juego.
- Aurelio Moreno
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Y mientras el básquet se puede practicar en un callejón o un parque de barrio pobre entre rap y algo de rebeldía, el béisbol es una actividad relativamente cara que requiere más logística y orden.
Hace ya varios años, el ex jardinero de los Marlins, Gary Sheffield ofreció una teoría cantinflesca al tratar de explicar la progresiva desaparición de los jugadores de color en la pelota y al mismo tiempo metió la mata con los hispanos.
Intentando demostrar el fenómeno de los atletas latinoamericanos como la minoría más predominante en las mayores, Sheffield dijo que éstos eran "más fáciles de controlar".
De acuerdo al veterano patrullero, a los latinos se les puede "decir qué hacer", mientras que con los negros el asunto es diferente.
De donde vengo, no nos puedes controlar", señaló Sheffield en una entrevista con la revista GQ. "Quizás le puedas indicar a un muchacho (negro) lo que debe hacer por un tiempo porque ello le beneficia. Pero al final, regresará a ser quien es. Y esa es un persona a la que le hablarás con respeto, como hombre".
Obviamente, Sheffield nunca habló con el dominicano Manny Ramírez, el venezolano Carlos Silva o el panameño Rubé Rievar, tres chiflados hispanos.
Lo despistado de Sheffield, tal vez, ilustre de alguna forma aquel fenómeno, pero la verdadera razón es otra: una de carácter puramente económico que opera en favor de los jugadores extranjeros y conspira en contra de los negros (por ser parte del grupo norteamericano).
Lo cierto es que los sistemas de reclutamientos de la NFL y la NBA suelen ser más seductores que el de las Grandes Ligas. Por lo menos a corto plazo.
Un primer seleccionado en un draft de la NFL puede asegurar inmediatamente su futuro si logra ser fichado en un acuerdo millonario y a largo plazo.
Un novato en el béisbol, por más brillante que sea, debe conformarse con el salario mínimo (poco más de $400,000 por temporada) durante sus tres primeros años de servicio y no es hasta el cuarto cuando puede aspirar a un arbitraje salarial. En el quinto, este pelotero ya maduro puede hacerse elegible para convertirse en agente libre y venderse al mejor postor.
Iniciado en 1965, cuando no había tantos forasteros en las mayores, el draft responde a un orden reverso de selección en el que los equipos sotaneros escogen primeros. Bajo este sistema, justo en aquella época, pero absurdo ahora, las organizaciones de "mercados pequeños" usualmente escogen a las figuras aficionadas más prometedoras.
Pero los extranjeros no entran en el proceso de selección, sino que suelen ser firmados por las organizaciones en sus países de origen en calidad de agentes libres. Así las cosas, los equipos de gruesas cuentas bancarias pueden darse el lujo de ofrecer jugosas ofertas a los mejores prospectos del Caribe, Venezuela, Asia u otras regiones prolíficas en talento.
De esa rigurosa búsqueda de astros, que se facilita con la siembra de sofisticadas academias en aquellos países, no se benefician los jugadores norteamericanos (entre ellos, obviamente los negros).
aimoreno@elsentinel.com (954-356-4087).Www.elsentinel.com; twitter.com/aurelio02
La pobre ofensiva de los Marlins y el poder de los Yankees